Las causas nunca mencionadas del desempleo

Lo que múltiples estudios científicos han mostrado es que la causa más importante para que se cree o destruya empleo es la demanda que los empresarios tienen sobre los bienes y consumos que producen. El mundo empresarial no expandirá su plantilla a no ser que haya un aumento de los productos que produce y vende. Y esta es la situación en España. El mundo empresarial tiene delante un problema grave de escasez en la demanda. El problema del paro no está en el mercado de trabajo, sino en la baja demanda y en el tipo de demanda y producción. Y la escasa demanda se debe a dos temas que el énfasis en el mercado de trabajo está ocultando. Uno es la excesiva polarización de las rentas en Europa y en España. Las rentas del trabajo han disminuido en la UE de una manera espectacular, mientras que las rentas del capital se han incrementado enormemente. Y esta polarización ha estado incluso más acentuada
en España. Los beneficios empresariales crecieron en España un 73% en el periodo 1995-2005 (más del doble de la media de la UE-15, un 33%), mientras que los costes laborales aumentaron en el mismo periodo un 3,7% (cinco veces menos que en la UE, un 18,2%), datos que raramente aparecen en las revistas económicas , o incluso en la
prensa en general. Y esta situación ha creado varios problemas. Uno de ellos es la escasa demanda (consecuencia del descenso de la masa salarial) y consecuente endeudamiento de las clases populares. El gran endeudamiento de las familias españolas se basa en este hecho.

Según la Agencia Tributaria española, en el 2007, el 63% de los asalariados (16,7 millones de trabajadores) tenían un salario bruto de 1.100 euros. Lo que ello implica es una gran escasez en la capacidad adquisitiva de las clases populares, profundamente endeudadas, y que cuando falló el crédito, paralizó la demanda doméstica. Y ello ocurre en cada recesión económica que España ha tenido. Y la
pobreza del sector público (España tiene el gasto público por habitante más bajo de la UE-15) explica también el endeudamiento público y el escaso poder y recursos que el estado tiene en su capacidad de estimular la economía. Este escaso poder sustitutorio(del estímulo privado) es consecuencia de las políticas neoliberales de
las derechas, que más que partidos de los trabajadores han sido siempre los partidos de los banqueros y de los empresarios, que se han opuesto a incrementar sus impuestos (según la Agencia Tributaria, un empresario paga menos impuestos que un asalariado)y el gasto público, dificultando así el crecimiento del gasto público
como estímulo para la recuperación económica y la reducción del desempleo.
Y la otra consecuencia del descenso de las rentas salariales es la baja productividad en amplios sectores de la economía. En contra de lo que escriben los economistas neoliberales, el hecho de que los salarios sean bajos no se debe a que la productividad sea baja, sino al revés, la productividad es baja como consecuencia de la existencia de salarios bajos. Si un empresario tiene la posibilidad de pagar
salarios bajos porque hay gran número de candidatos para un puesto de trabajo (el caso de la vendimia o del turismo o de la construcción,como ejemplos), los salarios que pagará serán bajos. Ahora bien, si no se le permite pagar salarios bajos, tendrá que invertir en el puesto de trabajo y en el trabajador para asegurarse de que un trabajador haga lo que ahora hacen diez.
Esto es lo que ocurre en los países nórdicos, de tradición socialdemócrata. En realidad, el economista Meiner convenció hace ya muchos años al gobierno socialdemócrata y a los sindicatos suecos de que no podían permitirse en Suecia salarios bajos. Una economía basada en salarios bajos era y es una economía ineficiente. De ahí que se prohibieran salarios bajos. En los convenios colectivos, los salarios bajos no se permiten, ni en situaciones provisionales. Y ello
tuvo un gran impacto en la productividad de la economía. Ni que decir tiene que hubo empresas que colapsaron al no poder pagar tales salarios, pero era, y es, responsabilidad pública encontrar un puesto de trabajo (de similar nivel salarial) al trabajador que ha tenido que dejar aquella empresa que cierra. Y es responsabilidad pública encontrarle, no sólo un trabajo, sino también una casa y una escuela para sus niños, entre otros requisitos.
Se le puede pedir flexibilidad al trabajador, a base de crearle inseguridad, tal como ocurre en España, donde el mundo empresarial y bancario está muy mal acostumbrado, por haber estado sobreprotegido por el poder político, no sólo durante su dictadura,sino también después. En España se habla mucho de la rigidez laboral, cuando el mayor problema es la rigidez y dureza empresarial. La primera es la respuesta a la segunda. Y el fracaso de la administración pública en esta dimensión es enorme. Es injusto exigirle flexibilidad al trabajador a costa de su seguridad. España tiene el gasto en protección social más bajo de la UE-15. Sólo un 20%, comparado con un 32% en Suecia o un 30% en Dinamarca. El mundo empresarial y la banca española, así como el estado español, no han entendido que la protección y cohesión social son elementos claves en garantizar una elevada productividad. Todos los países del sur de Europa tienen escasa productividad porque tienen escasa protección social. El mundo empresarial español, conocido por su dureza (y apoyado por unos medios de persuasión próximos a él) se ha opuesto a la expansión del gasto público y de la protección social, prefiriendo conseguir la flexibilidad laboral, no con la seguridad, sino con aumento de la inseguridad. De ahí el elevado desempleo. Pero esto es improbable que el lector lo oiga, lo vea o lo escuche en los medios de mayor difusión del país, en los que durante los próximos meses vamos a ver una enorme avalancha en contra de los sindicatos, detrás de la cual hay un intento de diluir todavía más la España social, y la protección social de los españoles.

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